Las Montañas Palidas y su historia
En
nuestras montañas vivia un principe amado por todo
su pueblo.
Era un principe triste; solo una cosa lo podria haber alegrado:
Alcanzar la luna para conocer a una princesa que se le había
aparecido en sueños.
Con la ayuda de dos savios su deseo se volvió realidad
y llegó a la luna, donde todo era lumínoso
y espléndido, encontró a la princesa y ella
lo amó enseguida.
Su estancia fué breve pues sus ojos se lamentában
de la claridad reinante en la luna, empezaron a sufrir y
el principe volvió a la tierra con su esposa donde
todo el reino lo festejó.
Solo un ramito se trajo consigo la princesa y bien pronto
estas flores aparecieron por todo el reino: la estrella
alpina.
Su felicidad, pero, fué breve, la princesa enfermó
de melancolia: los colores eran fuertes en la tierra y tan
oscura la montaña! Para no morir tenia que volver
donde su padre.
Los enanos salvajes, abundantes en estos parajes, bajo las
órdenes del padre desesperado por aquella separacion
forzada, se subieron a la cima mas alta de esas montañas
y empezaron a hacer movimientos extraños con las
manos y los brazos y pronto aparecieron grandes ovillos
brillantes: habian hilado rallos de luna.
Poco antes del alba los enanos deshilaron los grandes ovillos
en las paredes de la las montañas que pronto fueron
completamente recubiertas de una claridad maravillosa que
ocupaba todo el reino. La princesa de la luna pudo volver
a las Montañas Palidas donde vivieron felizes y comieron
perdices.